lunes, 8 de octubre de 2012

Cuento



MIEDO
 
Había una vez un chico que tenía miedo.
Miedo a la oscuridad, porque en la oscuridad crecen los monstruos.
Miedo a los ruidos fuertes, porque los ruidos fuertes te hacen agujeros en las orejas.
Miedo a las personas altas, porque te aprietan para darte besos.
Miedo a las personas bajitas, porque te empujan para arrancarte los juguetes. Mucho miedo tenía ese chico. Entonces, la mamá lo llevó al doctor. Y el doctor le recetó al chico un jarabe para no tener miedo (amargo era el jarabe).

Pero al papá le pareció que mejor que el jarabe era un buen reto:
-¡Basta de andar teniendo miedo, vos! - le dijo -. ¡Yo nunca tuve miedo cuando era chico!

Pero al tío le pareció que mejor que el jarabe y el reto era una linda burla:
-¡La nena tiene miedo, la nena tiene miedo!

El chico seguía teniendo miedo. Miedo a la oscuridad, a los ruidos fuertes, a las personas altas, a las personas bajitas. Y también a los jarabes amargos, a los retos y a las burlas.
Mucho miedo seguía teniendo ese chico.

Un día el chico fue a la plaza. Con miedo fue, para darle el gusto a la mamá.
Llena de personas bajitas estaba la plaza. Y de persona altas.

El chico se sentó en un banco, al lado de la mamá. Y fue ahí que vio a una persona bajita pero un poco alta que le estaba pegando a un perro con una rama. Blanco y negro era el perro. Con manchitas. Muy flaco y muy sucio estaba el perro. Y al chico le agarró una cosa acá, en el medio del ombligo.

Y entonces se levantó del banco y se fue al lado del perro. Y se quedó parado, sin saber qué hacer. Muerto de miedo se quedó.

La persona alta pero un poco bajita lo miró al chico. Y después dijo algo y se fue. Y el chico volvió al banco. Y el perro lo siguió al chico. Y se sentó al lado.

-No es de nadie- dijo el chico -¿Lo llevamos?
-No- dijo la mamá.
-Sí- dijo el chico -. Lo llevamos.

En la casa la mamá lo bañó al perro. Pero el perro tenía hambre. El chico le dio leche y un poco de polenta del mediodía. Pero el perro seguía teniendo hambre. Mucha hambre tenía ese perro.

Entonces el perro fue y se comió todos los monstruos que estaban en la oscuridad, y todos los ruidos fuertes que hacen agujeros en las orejas. Y como todavía tenía hambre también se comió el jarabe amargo del doctor, los retos del papá, las burlas del tío, los besos de las personas altas y los empujones de las personas bajitas. Con la panza bien rellena, el perro se fue a dormir. Debajo de la cama del chico se fue a dormir, por si quedaba algún monstruo.

Ahora el chico que tenía miedo no tiene más miedo. Tiene perro.



  

                                                                                 Graciela Cabal

Poesía




dias de granja
 
Había una vez, en un establo,
un caballo que se llamaba Pablo.
Era el íntimo amigo de un carancho
al que todos conocían como Pancho.

Deambulaba en esa granja una gallina
con sus hijas Centinela y Etelvina:
iban juntas por un poco de maíz
a la pobre madriguera del cuis Luis.


A la vera de un arroyo las vio un pato

y les dijo: “Mucho gusto soy Donato.
¿A dónde va esa bataraza tan bonita
que seguro ha de llamarse Margarita?”


De repente el sonar de un cascabel
anunció a la vieja vaca Maribel.
A su paso ella tocaba una maraca
que se había traído de Humahuaca.
 

                                    Venía acompañada de Ana Rosa,
                                    un gusano convertido en mariposa.
                                    Y al compás de afinadísimos cencerros
                                    empezaron a cantar liebres y perros.
 
                                    A la orquesta filarmónica y al coro
                                    de la granja, también se sumó un toro,
                                    la torcaza, Ivo el chivo y un cabrito
                                    primo hermano de otro que llamaban Tito.

                                                                

                                                                                                SILVIA SCHUJER

Cuento de detectives…

EL DULCE TERROR DE HALLOWEEN.

Había una vez una ciudad llamada Halloween en la que vivía un malvado fabricante de dulces y golosinas. Este, sabiendo que los papás no dejaban a sus hijos comer golosinas más de una vez a la semana para evitar las caries, inventó un plan para vender muchos más caramelos. Así, pagó a una pandilla de ladrones y bandi
dos quienes, disfrazados de horribles monstruos, aterrorizaron a todos.

Luego llenó la ciudad de anuncios que aseguraban que sus caramelos eran la única defensa posible contra aquellos terroríficos seres. Y como todo estaba preparado por el malvado fabricante, lo que decían los anuncios era verdad, y cuando los niños de la casa entregaban sus caramelos, los monstruosos bandidos los dejaban tranquilos y se iban.

Las ventas de caramelos se dispararon, pero de forma poco justa.

Mientras los niños de familias ricas acumulaban montones y montones de golosinas para protegerse de los malvados, los niños pobres sufrían las peores pesadillas al saber que no tenían ni un triste caramelo con el que calmar a los monstruos. Además, como los caramelos tenían tanto valor, los niños comenzaron a volverse egoístas y desconfiados, y resultaba imposible verlos compartir sus golosinas como siempre habían hecho.

Afortunadamente, maldades tan malvadas no pueden durar mucho. Un detective muy listo descubrió los planes del avaricioso fabricante y sus cómplices, y todos ellos acabaron dando con sus huesos en la cárcel.

Pero resultó que el miedo a los monstruos no se terminó, y que los niños ricos seguían acumulando caramelos y golosinas con el mismo egoísmo con el que lo hacían antes de que todo fuera descubierto, y que los niños pobres continuaban viviendo aterrorizados por la falta de dulces.

Todos los papás y mamás de la ciudad, ya fueran ricos o pobres, estaban tan preocupados que celebraron una reunión especial de forma urgente ¿Cómo podían resolver el egoísmo de unos, y el miedo de los otros?

La genial solución vino del mismo ingenioso detective: seguirían igual que antes, pero como los malvados estaban en la cárcel, el papel de monstruos lo harían los niños más pobres.

Así, la noche siguiente, los papás de los niños más pobres acompañaron a sus hijos a hacer de monstruos. Y tan bien lo hicieron, que los niños ricos les dieron buena parte de sus dulces. De esta forma, al cabo de unas cuantas noches, casi todos los niños tenían la misma cantidad de golosinas y ningún miedo, porque a pesar de su esfuerzo por parecer unos monstruos terribles, los niños más chiquitines descubrían fácilmente su disfraz, y todos se dieron cuenta de que por las calles de la ciudad de Halloween no había ningún monstruo, sino un montón de niños que se lo pasaban fenomenal disfrazándose y compartiendo sus caramelos.

               FIN
                                                           
Autor: Pedro Pablo Sacristán

Poesía


Poesía


Maratón de Lectura 2012



El viernes 28 de septiembre se realizo la maratón de lectura, una propuesta de la Fundación Leer  con el fin de fomentar la lectura. Todos los años la escuela y su biblioteca organizan distintas actividades.  En esta oportunidad además de que los niños pudieron leer una gran variedad de textos, los alumnos de 3º año de ambos turnos realizaron teatro leído con obras de Adela Basch y los alumnos de 6º año Turno tarde presentaron la obra de títeres “El gato con botas”. Durante la jornada también se presento el libro “Lola” cuya autora  la Sra. Norma Ceccherelli,  abuela de una alumna, conto a los niños la experiencia de escribir el libro de su madre, quien relata su historia familiar.